Skip links

Añade aquí tu texto de cabecera

Mujer preparando una receta junto a un cuaderno manuscrito en una cocina iluminada por luz de otoño.

Honrando a mis muertos.

Contenido del post

Honra a tus muertos. Honra la memoria de tus huesos, el brillo de tu sonrisa, la paz de tu corazón, el sentir de tus palabras.

Sé que es el sentir del otoño lo que en estos días me acerca a la memoria de mis muertos. Por estas fechas los siento más presentes que nunca, plegaditos en mi interior, como si quienes existieron antes que yo y dieron sentido a mi existencia hubieran encontrado su lugar.

Curiosamente, no siento alegría, tampoco pena. Siento paz.

Siento la muerte latir en mi corazón como parte de la vida. Cuando pienso en ellos, la separación entre el mundo de los vivos y el de los muertos se vuelve menos nítida. Este vernos a todos juntos me despierta un sentimiento extraño, que hasta ahora no había sabido reconocer.

Mis muertos viven en mí

Quizás esa presencia siempre estuviera ahí, en los gestos aprendidos, en las palabras que repito, en mi forma de cuidar o de mirar la vida. Ahora puedo sentirla como algo mío.

No suelo visitar cementerios para honrar su memoria. Los encuentro en otros lugares: en una canción, en una conversación, en algo que hago y que de pronto me recuerda a ellos. Otras personas necesitan acercarse a una tumba, llevar flores, cuidar ese espacio. Yo siento su presencia de esta manera.

En otoño vuelvo a preguntarme quiénes fueron, qué recibí de ellos y qué lugar tiene hoy en mi vida esa historia de la que formo parte.

La Llorona, en la voz de Lila Downs, tiene para mí un significado especial. De pequeña me la cantaban para hacerme rabiar, porque era de lágrima fácil. Ahora la escucho como un canto a la vida. La canción sigue siendo la misma; algo ha cambiado en mí al escucharla.

Encontrar una forma de despedirse

Cuando pienso en mi propia muerte, me gusta imaginar que algo de lo compartido podrá seguir acompañando a quienes quiero. Una palabra, una experiencia, una manera de estar juntos. Quizás a eso me refiero cuando digo que quiero ser luz y quedarme.

Los rituales de despedida pueden dar un lugar a lo que sentimos cuando las palabras no llegan fácilmente. Recordar una escena, escuchar una canción o escribir una carta son algunas maneras de hacerlo.

En una familia puede surgir el deseo de contar lo vivido junto a quien ha muerto. Habrá recuerdos felices y quizá también momentos difíciles. Cada persona habrá conocido una parte distinta de esa vida y tendrá algo propio que recordar, decir o guardar para sí.

Para mí, alumbrar las sombras tiene que ver con poder reconocer también lo que dolió, lo que quedó pendiente o lo que nunca llegamos a comprender. Darle palabras cuando sea posible, sin exigir que todo encuentre una explicación o termine en reconciliación.

Una carta puede escribirse antes de la despedida o mucho después, en la intimidad de una habitación. Hay cosas que solo podemos nombrar cuando ha pasado tiempo.

También puede haber una comida familiar, fotografías sobre la mesa, una anécdota que alguien cuenta por primera vez. Me conmueve pensar en esos momentos en los que una familia descubre cuánto de una persona permanece en la vida cotidiana de los demás.

Dar lugar a la ausencia

La paz que siento hoy al recordar a mis muertos pertenece a mi experiencia. No la convertiría en una medida de cómo debería sentirse otra persona.

Hay despedidas que llegan con serenidad y otras que desgarran, incluso después de una vida larga. Podemos comprender que alguien ha llegado al final de sus días y echarlo profundamente de menos.

También podemos llorar y agradecer. Sentir amor y enfado. Necesitar hablar una tarde y guardar silencio al día siguiente.

Honrar una vida permite recordar a la persona con sus contradicciones y reconocer lo que ocurrió entre nosotros. En algunos vínculos habrá mucho que agradecer; en otros, también habrá dolor que necesita su propio espacio.

Recordar a mis muertos también me lleva a mirar mi propia vida y el lugar que ocupa en ella el miedo a la muerte. Sobre esa relación escribí en Buenos presagios. Vivir sin miedo a la muerte.

Yo llamo presencia a eso que todavía encuentro de mis muertos en mí. A veces lo siento al escuchar una canción. Otras, al descubrirme repitiendo un gesto que creía olvidado.

Y este otoño, cuando vuelven a hacerse presentes, los siento así: plegaditos en mi interior, mientras sigo viviendo.

 

Esta entrada nació escuchando Cuando el folclore le canta a la muerte, del programa Ácido folclórico, de Radio Nacional de España. Lo dejo aquí para quien quiera seguir escuchando otras maneras de cantar, recordar y despedir a nuestros muertos.

Escuchar el programa en RTVE


Descubre más desde Método Cronos

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Imagen de Consulta Cronos
Consulta Cronos
Claridad para momentos de cambio. Tu bienestar, nuestro método. Presencial u online. Puedes solicitar una consulta en el  617 925 097 o enviar un mail a: cronos@metodocronos.es
Imagen de Consulta Cronos
Consulta Cronos
Claridad para momentos de cambio. Tu bienestar, nuestro método. Presencial u online. Puedes solicitar una consulta en el  617 925 097 o enviar un mail a: cronos@metodocronos.es

¿Te ha gustado el post? ¡Comparte!

LinkedIn
Facebook
Telegram
WhatsApp
Email
Print

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Explorar
← Desliza →