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El invierno del mundo

[icon name="quote-left" class=""unprefixed_class=""] En la entrada anterior hemos visto lo que aporta la figura del padre mientras se crece, por eso esta entrada va, especialmente, para aquellos que ya crecieron. [icon name="quote-right" class="" unprefixed_class=""]

Libro cerrado y taza de cerámica sobre una mesa de madera clara junto a una pared beige iluminada por luz natural con sombras suaves de hojas.

Contenido del post

Hay momentos en la vida en los que una empieza a notar que algo se está moviendo por dentro. No es un cambio brusco ni un acontecimiento espectacular. Es más bien una sensación suave, como cuando termina el invierno y todavía no hace calor, pero el aire ya no pesa igual.

Algo parecido está pasando ahora.

Como si, poco a poco, estuviéramos dejando atrás viejas formas de vivir sostenidas por el miedo, la pertenencia obligada o la necesidad de encajar. Como si empezara a abrirse paso otra manera de estar aquí: más propia, más consciente, más viva.

Y quizá esta limpieza no esté ocurriendo fuera.
Quizá esté ocurriendo dentro.

Podemos considerar el invierno del mundo como toda la experiencia humana acumulada en los estantes de bibliotecas y museos. La historia que contiene las luces y las sombras del camino recorrido hasta aquí.

Tener un padre

La alegría de vivir se activa, en un primer momento, a través de la figura del padre.

Durante milenios, tener un padre que otorgara un apellido y un lugar dentro del orden social imperante garantizaba la continuidad del establishment familiar.

Ese conjunto de personas e instituciones que han procurado mantener el orden establecido.

Así nos fuimos acostumbrando a separarnos entre gente de “bien”, los que vivían acatando las normas, y gente de “mal”, los que intentaban vivir a su aire, más libres de las cadenas de una historia que casi siempre ha favorecido la renta, la imagen del más fuerte, del vencedor o del superviviente.

Un superviviente que no siempre fue el más noble, ni el más justo, ni siquiera el más capaz. A veces solo fue quien mejor supo adaptarse a las circunstancias, a lo que el sistema, o simplemente los demás, esperaban de él.

Global o local

Afortunadamente, esa forma de vivir marcada únicamente por la supervivencia empieza a quedar atrás. Hoy comienzan a germinar los brotes de una nueva conciencia que, como una primavera, dejará atrás el rigor de esos tiempos.

La humanidad ha despertado a la idea de la globalidad y, por mucho que lo local o lo familiar intenten resistirse, algo ya ha cambiado.

Nada será igual que antes.
Nada será igual que en el pasado.

Será mejor.

Ya no es imprescindible tener un padre, un estatus, una red o una tribu que te sostenga para poder vivir.

Tal vez por eso, antes de cualquier florecimiento, siempre llega un momento de revisión. Un momento en el que la vida parece pedirnos algo muy simple y muy difícil a la vez:

soltar lo que ya no somos.

Limpieza de primavera · borra tu historial

En este momento evolutivo se abre ante nosotros una posibilidad nunca antes aceptada: avanzar en igualdad. Ser uno mismo. Brillar sin que la sombra de un padre, de un dios o de una clase social nos robe la luminosidad que nos pertenece.

Pero…

Antes de brillar plenamente, la humanidad parece enfrentarse a su propia limpieza de primavera. Una limpieza necesaria para depurar nuestras mentes, igual que limpiamos nuestras casas cuando termina el invierno.

Como cuando borramos el historial para poder empezar de nuevo.

Esta limpieza consiste en soltar los condicionantes que lastran nuestro presente y nos impiden mirar la realidad con ojos frescos.

Porque toda primavera tiene su invierno previo.

Y también el nuestro.

El invierno de tu vida

El primer invierno de tu vida, los años entre el nacimiento y los tres años,  sigue presente en muchos de los conflictos que hoy acompañan tu camino.

Todo lo que sentiste.
Lo que te gustó y lo que no.
Desde la gestación, el nacimiento y la crianza, hasta el momento en que empezaste a sostenerte un poco más por ti mism@.

Del mismo modo, también existe un invierno del mundo: toda la experiencia humana acumulada en nuestra historia colectiva. Una memoria llena de aciertos y de errores.

Hacia atrás, hacia adelante

Hoy es fácil ver, incluso conviviendo en los mismos espacios, personas que parecen moverse en direcciones distintas.

Personas que reflejan una corriente invernal: una tendencia a volver a lo conocido, a la protección, a la seguridad de los viejos valores.

Y personas que reflejan una corriente más primaveral: una inclinación hacia la renovación, la limpieza interior y la mirada puesta en lo que todavía está por llegar.

Es fácil reconocerlo.

Solo tienes que observar el tiempo en los meses de marzo, abril y mayo. Días fríos, días templados, días casi de verano. Estaciones mezclándose en un mismo paisaje.

Quizá nosotros también estemos ahí.

Así que, si estás en esa corriente de despertar hacia un nosotros más consciente, tal vez este texto solo quiera acompañarte un poco más en el camino.

Y si todavía estás en tu invierno, quizá aún necesites un poco más de descanso.

Todo tiene su momento.

Y cuando algo empieza a aclararse por dentro, la vida hace algo curioso: deja de pedirte que sobrevivas… y empieza a pedirte que te muestres.

Show me your motion

Esta idea me vino recordando la película Jerry Maguire y su famosa frase enséñame la pasta. Porque, de alguna manera, la vida ahora parece pedirnos algo parecido:

muéstrame tu movimiento.
Muéstrame quién eres cuando no te escondes.

Tu vibración.
Tu voz.
La huella que dejas.

También me recuerda al estribillo de aquella canción de Boney M donde las niñas salen al centro del corro para bailar mientras las demás miran. Un juego sencillo y antiguo:

salir al centro cuando llega tu turno.

Quizá eso también sea crecer.

Y especialmente en tiempos de primavera, la vida parece invitarte a eso: a mostrar tu mejor versión. No la perfecta. La verdadera.

Salir al centro del círculo.
Y simplemente estar.

Sal ahí fuera.
Trabaja.
Vive como si ya lo hubieras conseguido.

Como si ya estuvieras allí.

Siéntete

En el amor, trata a tu pareja como si fuera la persona soñada. Pero, para que eso sea real, empieza por tratarte a ti mism@ de esa misma manera.

Siéntelo

En el trabajo, ofrece tu mejor presencia: atención, cuidado, compromiso. Más allá de los resultados inmediatos.

Porque a veces lo que realmente transforma no es lo que conseguimos, sino cómo estamos mientras caminamos.

Y quizá de eso se trate este momento.

No de convertirte en alguien nuevo,
sino de dejar de esconder a quien ya eres.

De atreverte, poco a poco, a salir al centro de tu propia vida. No para demostrar nada. No para convencer a nadie.

Solo para estar.

Como cuando una niña entra en el corro sin saber si lo hará bien, pero sintiendo que ya es su turno.

Y tal vez no se trate de hacerlo perfecto.

Tal vez solo se trate de dar un paso.

Y luego otro.

Y ver qué empieza a florecer.

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Consulta Cronos
Claridad para momentos de cambio. Tu bienestar, nuestro método. Presencial u online. Puedes solicitar una consulta en el  617 925 097 o enviar un mail a: cronos@metodocronos.es
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