Skip links

Añade aquí tu texto de cabecera

Mujer de espaldas con los brazos abiertos ante un paisaje de montañas iluminado por la luz cálida del atardecer.

Bioenergética: dónde estás empleando tu energía

Contenido del post

Cuando hablamos de energía solemos hacerlo de una manera bastante imprecisa. Decimos que tenemos mucha energía, que alguien nos la quita, que una situación nos agota o que llevamos unos días en los que no podemos con nada. Pero hay una pregunta más interesante: ¿qué hacemos con la energía de la que disponemos?

Podemos tener recursos y mantenerlos permanentemente ocupados en anticipar, contener, controlar o sostener situaciones que quizá hace tiempo dejaron de necesitar nuestra intervención. También podemos atravesar una etapa exigente y descubrir que, aun disponiendo de menos energía, estamos utilizándola de una manera mucho más ajustada. Desde esta perspectiva, la bioenergética adquiere para nosotros un significado muy concreto: observar la relación entre energía disponible, cuerpo, movimiento, tensión y manera de responder a la vida. No se trata únicamente de cuánta energía tenemos. Importa también dónde la estamos empleando.

Un cuerpo tenso necesita energía para mantenerse tenso

Hay algo muy sencillo que podemos comprobar corporalmente. Aprieta ahora mismo la mandíbula durante unos segundos, eleva ligeramente los hombros y contrae el abdomen. Mantén esa posición y observa qué sucede. Tu cuerpo necesita hacer algo para sostenerla.

Cuando determinados estados de tensión se repiten durante horas, días o años, podemos terminar incorporándolos hasta el punto de dejar de percibirlos. La persona ya no siente que está haciendo un esfuerzo; simplemente piensa que esa es su manera de estar. Sin embargo, el cuerpo continúa sosteniendo ese patrón y empleando recursos en mantenerlo.

Esta es una de las razones por las que la reeducación corporal ocupa un lugar importante dentro de Método Cronos®. No trabajamos solamente para conseguir mayor flexibilidad o aliviar una zona cargada. Nos interesa que la persona pueda reconocer qué está haciendo con su cuerpo sin darse cuenta, porque aquello que se vuelve inconsciente también puede continuar consumiendo recursos.

La energía disponible y nuestra manera de vivir

Dos personas pueden atravesar una situación parecida y responder de formas completamente diferentes. Una se moviliza, decide y, después, puede volver a descansar. Otra permanece durante días anticipando posibilidades, repasando conversaciones, intentando controlar lo que harán los demás o manteniendo internamente una situación que, en la realidad, ya ha terminado. El acontecimiento puede haber sido semejante. El gasto de recursos no.

Por eso, cuando hablamos de actitud no nos referimos simplemente a «pensar en positivo». La actitud tiene una dimensión mucho más concreta: es la posición desde la que respondemos a aquello que nos ocurre. Podemos enfrentarnos a una dificultad desde la alerta, la resistencia o el control; podemos retirarnos, quedarnos paralizados o intentar intervenir en todo. También podemos observar qué depende realmente de nosotros, actuar sobre ello y dejar de ocupar recursos en aquello que no podemos controlar.

Cada una de estas posiciones tiene también una expresión corporal. Basta observar qué sucede con nuestra respiración, nuestra postura o nuestro tono muscular ante una conversación difícil, una decisión pendiente o una situación que sentimos que no podemos controlar. El cuerpo participa de nuestra manera de responder a la vida aunque no siempre seamos conscientes de ello.

El cuerpo conserva aprendizajes

Nuestra manera de responder no comienza cada mañana desde cero. Durante la infancia y a lo largo de nuestra historia relacional vamos aprendiendo formas de protegernos, acercarnos, contenernos, reclamar atención, retirarnos, complacer, enfrentarnos o permanecer alerta. Algunas fueron enormemente útiles en el contexto en el que aparecieron. El problema comienza cuando seguimos utilizándolas automáticamente mucho después de que aquel contexto haya desaparecido.

Una persona que aprendió a anticipar constantemente el estado de los demás puede llegar a la edad adulta con una extraordinaria capacidad para detectar pequeños cambios en su entorno. Puede parecer una cualidad —y en determinadas circunstancias lo es—, pero también puede mantener una parte importante de sus recursos continuamente orientados hacia fuera. Otra persona puede haber aprendido exactamente lo contrario: desconectarse, no mostrar, resistir y seguir adelante.

Ninguna de estas posiciones necesita ser interpretada apresuradamente como buena o mala. Lo importante es comprobar si continúa siendo adecuada para la vida que esa persona tiene hoy. Ahí comienza el trabajo de observación.

El cuerpo como memoria de nuestra experiencia

Decir que el cuerpo tiene memoria no significa imaginarlo como un archivo en el que cada emoción queda almacenada físicamente en un músculo u órgano determinado. La idea que manejamos es más sencilla y, a mi juicio, también más interesante: aprendemos corporalmente.

Aprendemos maneras de respirar, movernos, protegernos, aproximarnos a los demás y responder ante determinadas situaciones. Cuando una experiencia se repite suficientemente, algunas de esas respuestas pueden terminar formando parte de nuestra manera habitual de estar. Por eso nuestra historia también puede reconocerse en el cuerpo, no necesariamente porque una zona concreta «signifique» algo, sino porque nuestra forma de vivir ha requerido determinadas adaptaciones.

En lugar de preguntarnos inmediatamente «¿qué significa esta tensión?», podemos empezar por algo mucho más concreto: ¿qué estoy haciendo para mantenerla y sigo necesitando hacerlo? La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo la manera de relacionarnos con el cuerpo. Dejamos de buscar una interpretación desde fuera y empezamos a observar nuestra propia experiencia.

La familia también enseña una manera de estar en el cuerpo

Gran parte de nuestros primeros aprendizajes se producen dentro de la familia. No aprendemos únicamente a hablar, comer o relacionarnos. También aprendemos cómo se responde al conflicto, cuánto espacio podemos ocupar, qué ocurre cuando mostramos enfado, cómo se expresa el afecto, quién cuida de quién, qué sucede cuando alguien pone un límite y qué emociones pueden mostrarse abiertamente.

Todo ello contribuye a construir nuestra manera de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás. Un niño que crece necesitando estar muy pendiente del ambiente puede desarrollar una gran sensibilidad hacia lo que ocurre a su alrededor. Otro puede aprender que la mejor manera de atravesar determinadas situaciones consiste en no mostrar demasiado y continuar adelante. Con el tiempo, estas respuestas pueden hacerse tan habituales que dejamos de reconocerlas como aprendizajes y comenzamos a considerarlas simplemente parte de nuestra personalidad.

Pero haber aprendido algo dentro de nuestra familia no significa estar condenados a repetirlo. Precisamente la conciencia adulta introduce una posibilidad nueva: observar aquello que aprendimos y decidir qué queremos conservar, qué necesitamos modificar y qué ya no corresponde a nuestra vida actual. Este movimiento es importante dentro de Método Cronos®. La historia explica muchas cosas, pero no debería convertirse en una sentencia.

Administrar mejor nuestros recursos

Con los años he comprobado que muchas personas no necesitan necesariamente «tener más energía». A veces necesitan descubrir cuánta están empleando en procesos que funcionan de manera automática: mantener conversaciones imaginarias durante horas, anticipar continuamente lo que podría suceder, intentar controlar la respuesta de otra persona, permanecer disponibles para todo el mundo, sostener una determinada imagen de sí mismas, evitar permanentemente un conflicto o mantener el cuerpo preparado para responder incluso cuando, en ese momento, no está ocurriendo nada.

Todo eso requiere recursos. Y precisamente porque muchos de esos mecanismos se han convertido en habituales, podemos no percibir el esfuerzo que suponen. Es parecido a mantener un músculo ligeramente contraído durante horas: llega un momento en el que dejamos de notar que estamos haciendo fuerza, pero la fuerza continúa ahí.

Cuando empezamos a observar estos mecanismos, algo puede reorganizarse. No porque hayamos encontrado una fórmula para aumentar nuestra energía, sino porque dejamos de gastarla de la misma manera. La diferencia es importante: el objetivo no consiste necesariamente en convertirnos en personas con más energía, sino en aprender a administrar con mayor conciencia la energía de la que disponemos.

Tu actitud marca la diferencia

La actitud no puede controlar todo lo que ocurre en nuestra vida. Hay acontecimientos que no elegimos, pérdidas que tenemos que atravesar, responsabilidades que no podemos abandonar y etapas que requieren mucho de nosotros. Pensar que una actitud adecuada evita el sufrimiento o garantiza determinados resultados sería reducir en exceso la complejidad de la experiencia humana.

Pero incluso dentro de esas circunstancias existe un margen. Podemos aprender a reconocer dónde estamos empleando nuestros recursos, qué estamos sosteniendo innecesariamente y qué parte de nuestra respuesta pertenece realmente al presente. Podemos descubrir que seguimos preparándonos para situaciones que ya no existen o respondiendo desde posiciones que tuvieron sentido en otro momento de nuestra historia.

Ahí cuerpo y conciencia vuelven a encontrarse. Y quizá por eso una de las preguntas más útiles no sea cuánto cansancio acumulamos ni cuánta energía creemos que nos falta, sino algo mucho más próximo: ¿en qué estoy empleando hoy mi energía?

La respuesta no siempre necesita una gran interpretación. Muchas veces está ocurriendo delante de nosotros, en nuestra manera de relacionarnos, en aquello que sostenemos cada día y también en nuestro cuerpo.

José Miguel Navarro
Codirector de Método Cronos® · Reeducación corporal y proceso de individuación


Descubre más desde Método Cronos

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Imagen de Consulta Cronos
Consulta Cronos
Claridad para momentos de cambio. Tu bienestar, nuestro método. Presencial u online. Puedes solicitar una consulta en el  617 925 097 o enviar un mail a: cronos@metodocronos.es
Imagen de Consulta Cronos
Consulta Cronos
Claridad para momentos de cambio. Tu bienestar, nuestro método. Presencial u online. Puedes solicitar una consulta en el  617 925 097 o enviar un mail a: cronos@metodocronos.es

¿Te ha gustado el post? ¡Comparte!

LinkedIn
Facebook
Telegram
WhatsApp
Email
Print

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Explorar
← Desliza →