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Hombre sentado en actitud de pausa y conciencia corporal en un interior iluminado con luz natural.

Cuándo tratar las tensiones corporales: aprender a escuchar lo que el cuerpo sostiene

Contenido del post

Hay tensiones corporales que aparecen después de un esfuerzo, una postura mantenida durante horas o una actividad física poco habitual. Pero existen otras que regresan una y otra vez. El cuello vuelve a endurecerse, la mandíbula se aprieta, los hombros permanecen elevados o determinadas zonas del cuerpo parecen no terminar nunca de relajarse.

Cuando esto sucede de manera recurrente, en Método Cronos® nos interesa ampliar la observación. No preguntarnos únicamente cómo quitar esa tensión, sino también cuándo aparece, qué estaba ocurriendo antes, qué situaciones la intensifican y qué sucede en nuestra vida cuando el cuerpo vuelve a organizarse de esa manera.

El cuerpo puede convertirse así en una fuente importante de información sobre nosotros mismos.

No toda tensión significa lo mismo

Uno de los errores más frecuentes al trabajar desde una perspectiva holística consiste en buscar una traducción inmediata: me duele aquí, por tanto significa esto.

El cuerpo humano es bastante más complejo.

Una tensión puede estar relacionada con el esfuerzo físico, los hábitos posturales, el cansancio, la falta de movimiento o las exigencias de nuestra actividad cotidiana. Pero también podemos observar que determinadas tensiones aparecen o aumentan durante periodos de preocupación, miedo, sobrecarga, conflicto, contención emocional o estrés prolongado.

Por eso, más que interpretar rápidamente una tensión, interesa observar su patrón.

¿Aparece siempre en situaciones semejantes? ¿Se intensifica cuando estamos bajo presión? ¿Hay momentos en los que desaparece casi por completo? ¿Qué estábamos haciendo, pensando o viviendo cuando comenzó?

Estas preguntas cambian nuestra relación con el cuerpo. Dejamos de verlo únicamente como algo que hay que corregir y empezamos a escucharlo.

¿Cuándo merece la pena trabajar una tensión corporal?

No necesitamos esperar a que una tensión sea intensa para prestarle atención. Precisamente uno de los aprendizajes más interesantes consiste en reconocerla antes de que se haya instalado por completo.

Puede ser especialmente útil trabajar corporalmente cuando empezamos a detectar rigidez recurrente, pérdida de movilidad, sensación de estar permanentemente contraídos o dificultad para relajarnos incluso cuando aparentemente estamos descansando.

También cuando descubrimos algo todavía más significativo: la tensión desaparece durante un tiempo, pero vuelve siempre en determinadas circunstancias.

Ahí comienza una observación diferente.

Imaginemos, por ejemplo, a una persona que termina casi todas sus jornadas laborales con los hombros elevados y el cuello rígido. Puede estirar, caminar o movilizar la zona y experimentar alivio. Sin embargo, al observarse durante varias semanas descubre que la tensión aumenta especialmente los días en los que asume tareas que no le corresponden, evita expresar una discrepancia o intenta mantener bajo control demasiadas cosas al mismo tiempo.

Esto no demuestra que el conflicto laboral sea «la causa» de la tensión. Pero sí aporta una información valiosa: existe una relación temporal que merece ser observada.

El trabajo corporal deja entonces de ser únicamente una manera de aliviar el final del proceso. Puede ayudarnos también a reconocer cómo empieza.

Aliviar no siempre significa transformar

Los estiramientos, la movilidad, la respiración consciente y determinados ejercicios corporales pueden producir una sensación inmediata de alivio. Recuperamos movilidad, disminuye la rigidez y sentimos que el cuerpo dispone de algo más de espacio.

Eso ya tiene valor.

Pero si existe un patrón que se repite, el alivio puntual puede no ser suficiente. Podemos estirar cada noche una musculatura que volvemos a contraer cada mañana ante las mismas circunstancias.

Desde la perspectiva de Método Cronos®, el trabajo se vuelve especialmente interesante cuando unimos ambas dimensiones: qué hacemos con el cuerpo y qué estamos observando en nuestra vida.

No se trata de elegir entre cuerpo y emoción. Se trata de comprender que nuestra manera de vivir también tiene una expresión corporal.

Reeducación corporal: aprender a reconocer el patrón

En el trabajo de reeducación corporal que desarrollo dentro de Método Cronos®, uno de los primeros pasos consiste en observar cómo está organizado el cuerpo de la persona: dónde existe mayor rigidez, qué movimientos resultan limitados, qué zonas permanecen innecesariamente activadas y cuáles son sus hábitos corporales.

A partir de ahí se seleccionan ejercicios, movimientos y estiramientos adaptados a esa persona.

El objetivo no es solamente conseguir mayor flexibilidad. Buscamos que la persona pueda reconocer su propia tensión antes, durante y después de que aparezca.

Cuando aprendemos a percibir el cuerpo con mayor precisión, empezamos a descubrir pequeñas señales que antes pasaban inadvertidas: la mandíbula que se cierra durante una conversación, los hombros que ascienden mientras trabajamos, el abdomen que permanece contraído durante horas o la respiración que se vuelve más superficial ante determinadas situaciones.

Esa conciencia modifica algo fundamental: la tensión deja de ser únicamente algo que encontramos cuando ya duele. Empezamos a reconocer el proceso mientras está ocurriendo.

Algunas zonas que merece la pena observar

Hay determinadas tensiones que aparecen con frecuencia en periodos de exigencia emocional. La mandíbula puede permanecer apretada cuando estamos conteniendo una reacción; cuello y hombros pueden aumentar su rigidez durante etapas de sobrecarga; el pecho o el abdomen pueden sentirse más contraídos en momentos de preocupación o alerta.

Estas asociaciones no deberían convertirse en equivalencias rígidas. Una mandíbula tensa no significa necesariamente que exista una emoción reprimida, del mismo modo que una molestia en los hombros no demuestra que alguien esté cargando simbólicamente con demasiadas responsabilidades.

Lo interesante es otra cosa: comprobar qué ocurre en tu caso.

Cuando una tensión se repite, podemos empezar a registrar qué estaba sucediendo en las horas anteriores, qué conversaciones hemos mantenido, qué decisiones estamos evitando, cuánto tiempo llevamos trabajando sin movernos o qué estado interno acompaña a esa contracción.

Con el tiempo pueden aparecer relaciones que no habíamos visto.

El cuerpo también necesita tiempo para cambiar

Existe otro aspecto importante. Comprender intelectualmente un conflicto no significa que el cuerpo abandone inmediatamente la forma en que ha aprendido a responder.

Podemos haber tomado una decisión, haber establecido un límite o haber comprendido una situación y, sin embargo, descubrir que el cuerpo continúa reaccionando durante un tiempo de la manera habitual.

Por eso el trabajo corporal puede acompañar especialmente bien los procesos de cambio personal.

No necesariamente porque haya que «eliminar» algo del cuerpo, sino porque necesitamos enseñarle otras posibilidades: soltar, movilizar, ampliar, respirar, recuperar apoyo y dejar de mantener permanentemente activadas estructuras que ya no necesitan estarlo.

La repetición consciente de esos pequeños cambios va construyendo otra experiencia corporal.

Escuchar antes de que el cuerpo tenga que insistir

Durante mucho tiempo solemos relacionarnos con nuestro cuerpo cuando algo empieza a molestarnos. Mientras responde y continúa funcionando, apenas prestamos atención a la cantidad de tensión que acumulamos a lo largo del día.

La reeducación corporal propone invertir ese proceso.

Aprender a percibir antes.

Notar cuándo apretamos. Cuándo contenemos la respiración. Cuándo elevamos los hombros. Cuándo nuestro cuerpo empieza a prepararse para sostener una situación incluso antes de que nosotros mismos reconozcamos que nos está afectando.

No necesitamos interpretar inmediatamente cada una de esas señales. Primero podemos simplemente observarlas.

Porque cuando aprendemos a reconocer cómo responde nuestro cuerpo, también empezamos a descubrir algo sobre nuestra manera de estar en la vida.

Y a veces el cambio comienza precisamente ahí: no cuando conseguimos que una tensión desaparezca, sino cuando dejamos de producirla sin darnos cuenta.

José Miguel Navarro
Codirector de Método Cronos® · Reeducación corporal y proceso de individuación

 


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