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Habitación serena con luz de amanecer entrando por una ventana entre cortinas de lino.

La depresión como viaje interior: cuando la vida parece detenerse

Contenido del post

Hay momentos en los que seguir avanzando deja de ser posible. No porque la vida se haya detenido, sino porque algo en nuestro interior necesita ser escuchado antes de continuar.

A veces una persona llega a consulta después de haber intentado casi todo lo que sabía hacer.

Ha descansado. Ha cambiado algunas rutinas. Ha intentado distraerse, salir más, leer, viajar, hacer ejercicio o llenar la agenda para no pensar demasiado.

Durante un tiempo algunas de estas cosas incluso han funcionado.

Pero después vuelve la misma sensación.

La vida continúa y, sin embargo, interiormente parece que algo permanece en el mismo lugar.

Desde la mirada del Método Cronos, este punto resulta especialmente interesante. Porque no siempre necesitamos preguntarnos únicamente cómo salir cuanto antes de un estado de malestar.

A veces necesitamos comprender qué parte de nuestra vida se ha quedado detenida allí.

Especial Depresión · Lectura completa

Este artículo forma parte de una serie de cuatro textos sobre tiempo interior, identidad, cuerpo y ritmos.


Leer el Especial Depresión como un único ensayo →

La depresión como viaje interior

La depresión es una realidad compleja que puede tener múltiples causas y grados de intensidad y que requiere valoración profesional cuando sus síntomas son persistentes o interfieren de forma importante en la vida cotidiana.

El Método Cronos no pretende reducir esa complejidad a una única explicación.

Su mirada se sitúa en otro lugar: observar qué está ocurriendo en la historia emocional de la persona, en sus vínculos, en su identidad y en los ritmos que han organizado su vida hasta ese momento.

Porque hay épocas en las que una persona aparentemente sigue avanzando —trabaja, cuida, resuelve, organiza— mientras interiormente continúa regresando a los mismos conflictos.

Cambian los escenarios, pero determinadas sensaciones permanecen.

Cambian las relaciones, pero algunos papeles se repiten.

Pasan los años, pero ciertas experiencias continúan teniendo la capacidad de devolvernos al mismo lugar emocional.

En Cronos utilizamos la expresión tiempo circular para observar estos procesos.

Es ese tiempo interior en el que parece que avanzamos porque suceden muchas cosas, pero seguimos respondiendo desde posiciones emocionales antiguas.

A veces todavía como hijos frente a nuestros padres.

A veces buscando fuera la seguridad, el reconocimiento o el permiso que no hemos conseguido construir dentro.

Y llega un momento en que sostener esa distancia entre la vida adulta que vivimos y el lugar interior desde el que la vivimos resulta agotador.

Cuando seguir haciendo deja de resolver

La evasión no siempre tiene el aspecto que imaginamos.

No consiste únicamente en evitar un problema evidente.

También podemos refugiarnos en el trabajo, en los cuidados, en la actividad constante, en los libros, en los proyectos o incluso en prácticas que consideramos saludables.

Nada de eso es necesariamente negativo.

La pregunta es qué función está cumpliendo.

¿Nos ayuda a vivir o nos permite no mirar algo que lleva demasiado tiempo esperando?

En muchas mujeres esta cuestión aparece después de años sosteniendo una vida aparentemente organizada.

Trabajo, hijos, pareja, casa, padres que empiezan a necesitar cuidados, responsabilidades que se acumulan.

Se aprende a responder.

A resolver.

A continuar.

Pero haber aprendido a sostener muchas cosas no significa necesariamente haber encontrado un lugar propio dentro de ellas.

Aquí aparece una cuestión especialmente importante para la mirada Cronos: la identidad de la mujer que existe debajo de todos los papeles que desempeña.

Una herencia femenina que también necesita ser revisada

Muchas mujeres han crecido observando a otras mujeres capaces de sostenerlo casi todo.

Madres y abuelas para quienes cuidar, resistir y continuar formaban parte de la vida cotidiana.

En determinadas generaciones apenas existía espacio para preguntarse qué sentían, qué necesitaban o quiénes eran más allá de las funciones que debían cumplir.

Esa historia no desaparece simplemente porque las condiciones sociales cambien.

Puede permanecer en la manera de entender la maternidad, la pareja, el trabajo, el sacrificio o incluso el descanso.

En Cronos hemos utilizado alguna vez la expresión «factura depresiva» para referirnos simbólicamente a ese momento en el que sostener una determinada forma de vida empieza a tener un coste interior demasiado alto.

No se trata de afirmar que la depresión de una mujer proceda necesariamente de su madre o de las generaciones anteriores.

Se trata de observar que nuestra manera de vivir también tiene una historia.

Y que algunas mujeres llegan a la mitad de la vida descubriendo que han aprendido perfectamente a cumplir sus funciones, pero no saben muy bien dónde han quedado ellas.

Ahí la depresión puede coincidir con una pregunta mucho más profunda sobre la identidad.

No solamente «¿cómo consigo volver a estar bien?».

También:

¿A qué vida intento regresar?

La noche también pertenece al ritmo

Hay otra imagen que utilizamos en Cronos para comprender estos periodos: la noche.

Durante el día salimos hacia el mundo.

Actuamos, decidimos, trabajamos, hablamos, resolvemos.

Por la noche sucede el movimiento contrario. Disminuye la actividad exterior y el organismo entra en otro ritmo.

La oscuridad y la luz forman parte de la regulación de nuestros ritmos circadianos, entre ellos el ciclo sueño-vigilia. Por eso los cambios de estación, los horarios, el descanso y nuestra exposición cotidiana a la luz también forman parte del contexto desde el que conviene observar cómo nos sentimos.

Pero la noche tiene además un significado simbólico.

Hay momentos vitales en los que nuestra capacidad habitual de proyectarnos hacia fuera disminuye.

Lo que antes interesaba deja de hacerlo.

Lo que antes movilizaba pierde fuerza.

La persona puede experimentar esa retirada como un fracaso, especialmente si intenta obligarse a recuperar cuanto antes su funcionamiento anterior.

Desde Cronos proponemos observar también otra posibilidad.

Quizá determinadas etapas de recogimiento estén mostrando que la antigua forma de vivir ya no puede sostenerse de la misma manera.

Esto conecta con algo que hemos visto al hablar del otoño: no todas las épocas de la vida necesitan el mismo ritmo.

Y tampoco toda oscuridad significa ausencia de vida.

En la naturaleza existen periodos de actividad y periodos de latencia. Momentos de expansión y momentos en los que, aparentemente, nada sucede mientras se prepara una transformación que todavía no podemos ver.

Volver no siempre significa retroceder

Aquí aparece otro concepto importante del Método Cronos: la regresión.

En el lenguaje cotidiano, regresar parece significar ir hacia atrás.

Desde nuestra mirada puede significar algo diferente: volver temporalmente sobre una experiencia anterior porque todavía conserva una parte de nuestra atención, nuestra energía o nuestra identidad.

No se trata de quedarse allí.

Se trata de poder verla desde el adulto que somos ahora.

Por eso algunas crisis hacen reaparecer recuerdos, conflictos familiares, antiguas inseguridades o sentimientos que creíamos superados.

No necesariamente estamos empeorando.

Puede que estemos encontrándonos de nuevo con algo que necesita adquirir otro significado antes de continuar.

Esta idea será importante en las siguientes partes de este especial, porque permite comprender por qué determinados estados parecen devolvernos a lugares emocionales muy antiguos y qué relación pueden tener con nuestros vínculos familiares y con la construcción de nuestra identidad.

La imagen que Cronos utiliza para algunos de estos procesos es radical: volver al útero.

No en sentido literal ni como explicación clínica de la depresión.

Como símbolo.

Volver al lugar anterior a la exigencia, al hacer, a los papeles y a las respuestas aprendidas. A un tiempo de silencio en el que todavía no es necesario saber inmediatamente quién debemos ser después.

Quizá por eso algunos periodos de la vida se sienten como una noche demasiado larga.

Estamos acostumbrados a buscar enseguida el amanecer.

Pero hay preguntas que solamente aparecen cuando dejamos de encender luces para no ver la oscuridad.

La depresión necesita ser atendida con seriedad y, cuando corresponde, con ayuda profesional. Pero la persona que la atraviesa sigue teniendo una historia, unos vínculos, un cuerpo y una identidad que también merecen ser comprendidos.

Desde la mirada Cronos, el viaje interior comienza precisamente ahí.

No intentando regresar cuanto antes a quien éramos, sino preguntándonos qué parte de aquella forma de vivir ya no puede acompañarnos hacia la siguiente etapa.

Porque algunas veces recuperar nuestro lugar no significa volver atrás.

Significa dejar de girar alrededor de lo mismo para que, finalmente, el tiempo pueda volver a avanzar.

 

Pero cuando una vida parece haberse detenido, puede aparecer una pregunta todavía más profunda: quién es la mujer que ha quedado detrás de todo aquello que durante años ha aprendido a sostener.


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